Poseidón


Como mis hermanos y hermanas, exceptuando a Zeus, fui tragado por mi padre. No fui regurgitado hasta que Zeus obligó a Crono a vomitar los bebés que se había comido. Nunca acepté la supremacía que se otorgó tras esta lucha. En la cultura micénica la importancia de Poseidón era mayor que la de Zeus. En Pylos es el dios jefe, si se da crédito a las tablillas en lineal B que se conservan, donde el nombre PO-SE-DA-WO-NE (Poseidón) aparece con mayor frecuencia que DI-U-JA (Zeus). También aparece una variante femenina, PO-SE-DE-IA, lo que indica la existencia de una diosa consorte hoy olvidada (mi Deméter, que he de reconocer me despreció, pues siempre fue una diosa fría). Las tablillas de Pylos registran mercancías destinadas a sacrificios para «las Dos Reinas y Poseidón» y «las Dos Reinas y el Rey». La identificación más obvia para las «Dos Reinas» es con Deméter y Perséfone, o por lo menos eso pienso.
Soy el dios de todas las aguas y mares, hijo de Crono y Rea. El reparto territorial no me dejó muy satisfecho y en ocasiones provoco tsunamis para coger un trozo más de tierra.
Junto a mi hay otros dioses marinos; Proteo, el viejo del mar, Nereo, padre de las Nereidas y Tetis y mi esposa Anfitrite.
Hubo un tiempo en el que mi hermano Zeus y yo competíamos por el amor de la diosa Tetis. Pero al consultar al oráculo mi hermano Zeus, descubrió que si la diosa Tetis tenía un hijo, este sería más fuerte que su padre, así que renunciamos a Tetis. Finalmente me casé con Anfítrite y tuve 3 hijos. Además de estar con Anfítrite, tuve varios amores:
Pélope, supuesto hijo de Tántalo al que me lo llevé al Olimpo.
Con Deméter tuve a Arión, un caballo que habla.
Con Etra, a Teseo.
También estuve con Medusa, antes de ser el monstruo. El caso es que estuvimos manteniendo relaciones en el templo de Atenea y eso a ella no le gustó, así que convirtió a Medusa en monstruo. Cuándo Perseo le cortó la cabeza a Medusa salieron Pegaso y Crisaor, caballos fantásticos.
Además de todo eso, en un tiempo atrás quise ser el patrón de Atenas. Reunimos a los atenienses en La Acrópolis. Yo les di una magnifica fuente y Atenea, que era mi rival, les regaló un olivo. Los atenienses aceptaron el olivo y por tanto a Atenea como su patrona. Me enfadó tanto que inundé la ciudad entera.
Por último contar que fui padre de Polifemo, un cíclope, que atacó a Ulises y a sus compañeros
en una de sus aventuras. No estoy muy orgulloso de ello.